Los encargos

Publicado en El Espectador el 24 de noviembre de 2015 Ver publicación on line 

-¿Quién me puede traer un encargo? No ocupa casi espacio en la maleta… Seguramente hemos mencionado alguna vez esta frase cuando estamos fuera del país o alguien nos ha pedido el favor de abrir un espacio en nuestro equipaje para que llevemos un cargamento de golosinas, galguerías, antojitos, chucherías ó mecato 100% colombiano.

A continuación, el top 10 de exquisiteces criollas que despiertan nuestro patriotismo culinario en cualquier rincón del mundo en el que estemos. En el puesto número 10 se encuentran las rosquitas, le siguen en orden descendente los Choclitos de limón, Manimoto, papas Margarita de limón y de pollo; Bon Bon Bum, bocadillos, obleas en lata, chocolatinas Jet, Chocoramo y en el Top 1: el rey de las chucherías, el arequipe, así vivamos en Argentina en donde vive su primo, el dulce de leche, o en México donde se encuentra otro familiar cercano: la cajeta, hecha con leche de cabra.

Existe también otro reino de encargos infaltables: café en bolsa, harina de maíz para hacer arepas, aguardiente en caja y panela. Los rolos, pedimos sopa de ajiaco en bolsa y guascas deshidratadas para recrear nuestra sopa insigne así estemos en la Conchinchina; y los paisas, por su parte, encargan arepas antioqueñas de las de verdad, delgaditas, artesanales, sin aditivos y congeladas. Una vez recibimos nuestros encargos, lo guardamos como tesoros y los dosificamos hasta que un nuevo botín llega a nuestra casa con un visitante a bordo.

Cuando volvemos al país, nos bajamos del avión y pedimos que nos lleven a un restaurante de comida típica . Les comparto el menú. De entradas, empanadas con ají casero, arepa de choclo, chicharrón, patacón con hogao, porción de papa criolla, chorizo y morcilla. De plato fuerte, ajiaco, sancocho ó bandeja paisa; jugos de lulo, guanábana, feijoa, curuba ó maracuyá.

Y de postre, cuajada con melado o con dulce de mora, oblea lógicamente, arroz con leche y merengón de guanábana, entre otras dulces tentaciones.

¿Estamos de acuerdo en que existe un patriotismo culinario ligado directamente con ese niño interior goloso que todos llevamos por dentro? Los sabores ‘meid in Colombia’ reconfortan nuestra alma, a veces vacía cuando vivimos lejos, entre inviernos fuertes, alejados de nuestros seres queridos. Quizás es una forma de revivir recuerdos de la infancia, como cuando abríamos la lonchera en el recreo y nos maravillábamos con los encargos culinarios que mamá nos empacaba.

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