Mi segundo bautizo

Publicada en revista Paladades del periódico El Colombiano de Medellín. Marzo de 2016.   

Misegundobautizo copia

IMG_7391

Jamás pensé que, pasados los 30, iba a ser ‘bautizada’ de nuevo. En esta ocasión, el padre Anaya no oficiaría la misa ni habría una inmersión de mi cabeza desplumada en la pila de agua bendita. Ahora tenía frente a mí, tres tazas de café vacías que se fueron llenando al inicio del ‘acto litúrgico’.

En la mesa, también reposaban un librillo teórico práctico, un lápiz, cuatro copitas aguardienteras con un líquido transparente en su interior y un vaso de agua. Me encontraba ante mi primer bautizo cafetero.

Gustavo, el connaisseur de café San Alberto, inició mi rito de admisión a la cultura de café de calidad con un ejercicio: identificar los sabores que se encontraban en las copitas. El primer sorbo fue salino; el segundo me recordó a la glucosa del examen de glicemia; el tercero me apretó los costados de la lengua y el último, me amargó. Primera enseñanza: solo encontraremos tres sabores en una buena taza: dulce, amargo y ácido. Este último es el más apreciado, siempre y cuando sea balanceado.

Aprendí que al igual que en el vino, existen grupos aromáticos que nos ayudan a valorar nuestra bebida. Se trata de los terrosos, frutales, vegetales, maderosos, especiados, florales, tostados, animales y químicos. Estos últimos son inadmisibles en una buena taza de café Premium ¡Bienvenidos los aromas tostados, a miel de maple, a tierra y a cítricos!

IMG_7402

El tiempo pasaba y yo notaba que me iba purificando de todo ese café de greca servido en vasito de icopor que he tenido que absorber por protocolo. De hecho, aprovecho para citar la más precisa y divertida expresión que usó el escritor colombiano Daniel Ferreira para referirse a esta estirpe de tinto trajinado: “sabe a escarabajo”

 

Gustavo continuó hablando de las tres olas por las cuales ha pasado el consumidor en nuestro país. Comenzó con la de la funcionalidad: lo tomábamos por salud, porque teníamos frío o cuando comenzábamos a bostezar. Luego pasó por la del disfrute de las bebidas mezcladas.

Ahora, nos encontramos en la del aprecio de una bebida balanceada, fragante, de acidez pronunciada y sabor placentero.

 

Probé la primera taza y me supo a escarabajo. Enseguida disfruté de las siguientes y me encontré ante una revelación: un café con aromas dulces, afrutados, acaramelados y de chocolate oscuro; con una acidez frutal y elegante. ¡Mi paladar fue bautizado!

Para finalizar, dejo el recordatorio de mi bautizo: utilicen ocho gramos de café por 100 mililitros de agua. Muelan sus granos en casa. Inviertan en un café de lujo, de calidad: no dejemos siempre lo mejor para otros. Y por último, al ser un café honesto, no necesita de que lo disfracemos agregándole azúcar o leche. Puro es y puro se consume.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s